CALLEJEROS DEL JAZZ


Atravesar un tumulto de gente después de haberte peleado tres veces con tres personas distintas para aparcar en un sitio donde encima vas a tener que pagar. No dejar de correr para llegar al banco antes de que cierre y cuando llegas, hay una cola enorme. En ese momento te das cuenta de que si esperas no vas llegar a recoger a tus hijos y cuando sales corriendo...una dulce melodía te seduce y hace que pases los tres mejores minutos de toda la mañana.
¿A quién se lo tienes que agradecer? Pues a alguno de esos músicos se ganan la vida tocando en la calle.
Son artistas desheredados de tierras que no los pudieron sustentar. Viajeros a la fuerza o por filosofía que se echaron sus instrumentos a la espalda y una bolsa llena de canciones ,suyas o de otros ,para hacerlas sonar muy lejos de sus hogares. Hoy los puedes encontrar en cualquier esquina haciendo lo que mejor saben, tocar.
En casi todas las ciudades del mundo pueblan las aceras, las plazas, ramblas o los paseos. Son más que conocidos los artistas callejeros que colonizan las Ramblas de Barcelona. Desde malabaristas a estatuas vivientes, pasando por bailarines, cantantes, músicos e incluso trapecistas. Tal vez la cercanía entre las islas y la ciudad condal haya facilitado la llegada de estos fenómenos urbanos que tanto nos sorprenden.
Palma parecía sumida en un lugar al que no llegaba ni la inmigración ni las modas o tendencias que arrasaban en las grandes urbes. Hace un par de años era impensable ver por nuestra ciudad Grafitis, latin kings, skaters, y otras muchas tribus urbanas que hace ya tiempo que hicieron de sus ritos formas de vida en otras ciudades. Ahora y como siempre con cuentagotas, a nuestras calles llegan esas tribus, llega la inmigración y llegan nuestros músicos callejeros. Parece que Palma esté despertando lentamente de un largo letargo del que el resto del mundo despertó hace ya tiempo.
Parte de ese despertar son los músicos de la calle que poco a poco han ido llenando las calles. Hablar con ellos unos minutos nos ha revelado sólo un pedacito insignificante de la gran aventura de estos nómadas,que llevan a cuestas lo imprescindible para surcar el mundo. Una aventura llena de buenos momentos, pero sobretodo de malos tragos, que los hacían naufragar una y otra vez. Algunos parece que tocan para vivir y otros que viven para tocar Tal vez suene demasiado novelesco pero parece que todos ellos se abrazan a ese gran flotador que es la música para no hundirse y llegar a buen puerto.

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